Siro

dibujo - pintura - video

Anatomías

1999-2005

acerca de esta serie

Anatomías

     La serie Anatomías fue una consecuencia ineludible de mi traslado de casa, de ciudad, de país, de continente ¿Pero qué significó un traslado? ¿Esa definición RAE de “Llevar a alguien de un lugar a otro” qué significó en ese momento? ¿Qué se trasladaba de un lugar a otro? ¿Se traslada un cuerpo, acompañado de unos objetos? ¿Se traslada una memoria? ¿Se trasladan unos recuerdos y unas emociones, junto con unas ideas?

     En mi serie Estructuras, cuando intentaba indagar hacia adentro en busca de esos mundos diminutos que según la distancia y el punto de vista y mi situación como observador se volvían mundos infinitos e inabarcables, se hizo cada vez más patente mi propio cuerpo, mi estructura anatómica, mi conformación estructural matérica como espacio proyectado del exterior y vórtice de entrada a nuevos universos.

 

Estudio 1999-2004

      Si el espacio era un continuo que se atravesaba una y otra vez, los traslados lo que producían eran profundas transformaciones de la materia que se trasladaba. Y con esa idea, plumillas y tinta china comencé a contar mi traslado en mis dibujos. El juego consistía en documentar un proceso de reestructuración, cada dibujo era un documento, firmado, timbrado y fechado, que yo quise dejar patente con una necesidad de búsqueda en el cuerpo, porque en la carne quedaba impresa de algún modo la naturaleza de los desplazamientos y las transformaciones en el campo de lo sutil. Necesitaba indagar y documentar las transformaciones acaecidas en la carne debido a mi traslado. Documentar unos dibujos somatizados. Levantar la piel, urgar, indagar, escarbar, remover, rascar, fisgar, profundizar, para encontrar en los huesos, las fibras cartilagenosas y musculares, los tegumentos, las mucosas, los fluidos, los gases, la marca patente, la señal inequivoca de que ha ocurrido algo que lo ha cambiado todo y ya nada volverá a ser como antes. Y en esa última idea estaba presente el profundo sentir del cambio, el dolor de la pérdida, el duelo de la separación, y la necesidad imperiosa de la recomposición en otra estructura estable, nueva, distinta. Todo un proceso vital cuya comprensión profunda nuevamente dependía de mi ubicación como espectador y partícipe de la transformación. Porque separar tegumentos a fuerza de plumillas y rotuladores, hincar los pinceles en las mucosas y huntar las visceras en óleos, no conseguiría llevarme, al igual que con Estructuras, a comprender la existencia de un todo inabarcable, invisible, intocable, y donde ocurren los traslados y las transformaciones que nos mantienen en Uno.

     Abrir el televisor para ver dónde habita la gentecita que sale en la pantalla no es un proceso muy fructifero cuando se trata de atravesar la materia. Quedó mi mesa de trabajo desperdigada de restos humanos que no ayudaban mucho a sentir un verdadero traslado. Ya podían ser estructuras de hormigón, hierros o cartílagos, no podía escapar de la maraña del laberinto de la carne. No hasta que, derrumbadas todas las antiguas estructuras del traslado, comienza mi serie Fenocopias, con otros materiales, con nuevas herramientas, en el vacío blanco del infinito que queda tras los derrumbes. Con fenocopias el viaje es ya de descubrimiento, más por un acto de atención que por insistencia en hincar las manos desesperadas en la tierra (Ver video Handmade de 2006).

Siro.

-Cuadernos de Apuntes-

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